Sueños de Renacimiento En progreso

Dirigda por Juan pablo

Ya desde hace años, las ciudades de la Corona de Fiorandar han estado afrontando una dura crisis y, como si las desapariciones de los niños no fuesen suficientes, ahora surge también una extraña enfermedad que endurece el cuerpo y hiela la sangre. Ante la incapacidad de la guardia real y los sanadores de Lathander para resolver la situación, Lord Deryas Fermen decidió reclutar la ayuda de mercenarios de todos los reinos vecinos para evadir la catástrofe.

En el Centro del Laberinto

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Autor
Juan pablo
Fecha de juego
27 oct. 2019

Resumen

 

Ahora el grupo debía continuar su camino con un aliado menos. Sin poder darse un minuto dedicado al luto, comenzaron su descenso en la oscuridad. Los escalones burdamente tallados en la roca, se encontraban divididos por leves líneas, dando la impresión de estar formados por baldosas. Las marcas que les había mencionado el secuestrador antes de desvanecerse, aquel dibujo de un anillo chorreante, estaban presentes en casi todos los escalones. Poco les tomo descubrir que las marcas señalaban peligrosas trampas ocultas. Ante la más mínima presión, los escalones podían activar mecanismos mágicos que transfiguraban la estructura del estrecho pasillo. Algunas hacían que el suelo se retrajera, dejando descubierto un profundo foso. Otras disparaban pilares de roca desde las paredes justo a la altura de las cabezas de sus potenciales víctimas. 

Si bien las trampas les generaron cierta curiosidad, las aventureras decidieron que era mejor evadirlas y seguir con su curso sin tentar más a la suerte. La escalera las llevó a la orilla de un lago de repugnantes aguas ácidas. Un angosto camino de piedras irregulares era lo único que les ofrecía pasaje hacia la otra orilla. No se encontraban solas y lo notaron rápidamente. Entre las sombras, un sigiloso animal las observaba. Ante las peticiones del grupo, la bestia se reveló. Moviéndose con destreza por el techo de la cueva, un enorme gato negro con ojos púrpuras se aproximó a la orilla.

El animal resultó ser en extremo conversador. Hablando la lengua común con fluidez, pero divagando constantemente, no respondió del todo las dudas de las mujeres. Les platicó de orejas puntiagudas, un hombre escurridizo y de las "mitades" que llevaban adentro. Antes de que pudieran convencerse de que el animal no era una amenaza, este se ofreció a ayudarlas a cruzar el lago. Siempre y cuando lo ayudaran a lidiar con los supuestos "invasores". Al no tener muchas otras alternativas, las jóvenes accedieron. Con la ayuda de su nuevo aliado, atravesaron un camino invisible por encima del agua y pudieron seguir con su rumbo. El gato, ominoso, solo se despidió diciendo que, si tenían suerte, no volverían a encontrarlo.

Desde la orilla subieron por otra rústica escalera hasta alcanzar un amplio salón. En el centro de la sala se erguía un pesado trono de roca gris, varios metros por encima del suelo y sin ni un escalón que permitiese accederlo. En los muros se lucían unas empolvadas estatuas. Ídolos innegablemente humanos, pero no comunes dentro de los rasgos de raza. Sus rostros finos y cuerpos andróginos recordaban más a elfos que otra cosa. A los pies de las esculturas descansaban quebradas mesas y sillas de piedra.

Aprovechando la pausa, el grupo se dispuso a revisar cuidadosamente el recinto. Poco pudieron descifrar investigando las escrituras talladas en los muros y en el trono. Sin embargo, entre los montículos de ceniza que abundaban en el suelo, hallaron una brillante pieza metálica. Miriad la reconoció como la insignia de su familia. En ese momento, la base del trono comenzó a partirse por la mitad, anillo por anillo. Las jóvenes se escondieron rápidamente detrás de las mesas y una figura encapuchada flanqueada por dos guardias reales, emergió de la estructura.

Sin perder un momento, el grupo emboscó a los soldados y a la figura que escoltaban. Las jóvenes trataron de disuadir a los guardias que se encontraban en clara desventaja, pero los elfos parecían decididos. Aún mostraban respeto ante Miriad, pero se negaron a bajar sus armas. La batalla fue casi tan corta como las negociaciones y al poco tiempo uno de los guardias yacía inconsciente en el suelo, mientras que el otro había perdido la mayor parte de su cabeza. Capturaron también al hombre encapuchado, que resultó ser miembro de un clan de elfos famosos por su destreza en las artes arcanas. Confirmando sus sospechas, este afirmó estar trabajando bajo las órdenes de Kirien Vallar, el líder de la guardia real.

Hartas de la incertidumbre, interrogaron firmes al elfo y le exigieron que las guiara hacia los niños perdidos. El hombre no se mostraba inicialmente cooperativo, pero ante las amenazas de PhileaZefri Miriad, no tuvo más opción que obedecer. Las guio de vuelta al trono y recitó unas palabras en un idioma incomprensible. Nuevamente el trono se abrió, develando una angosta escalera caracol que descendía otra vez hacia lo desconocido. No les tomó mucho tiempo alcanzar el fondo. Este cuarto secreto parecía estar fabricado con oscuridad, ni sus fuentes de luz más potentes las ayudaban a transitarlo. Sin embargo, el elfo mantuvo el paso. Cuando habían caminado durante unos minutos, el siniestro hombre se dio media vuelta, al parecer complacido y afirmó que "esta distancia sería suficiente". Su cuerpo, repentinamente sin vida, colapsó sobre el suelo. En simultaneo, Zey salió disparada hacia la única salida segura, pero lograron detenerla antes de que llegara demasiado lejos. Le quitaron un anillo que la joven le había confiscado al prisionero y lo arrojaron lejos de ella, pero dentro de la mente de la chica aún retumbaba la inhumana presencia que se había hecho dueña de su cuerpo por unos momentos. Mientras intentaban comprender que era lo que acababa de suceder, numerosas voces de niños suplicantes, tristes y furiosos atestaban el aire del lugar.

Apariciones

NPCs

Miriad Karas
Ojos púrpura

Diario de los personajes

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